La conquista española en México fue un proceso lleno de acontecimientos escabrosos. Varios personajes protagonizaron estos encuentros pero entre los más relevantes se encuentra Cuauhtémoc, el último tlatoani. Su muerte significó el fin del imperio mexica y abrió paso al proceso de colonización.
De guerrero a tlatoani
Cuauhtémoc, cuyo nombre significa “águila que deciende” fue un hijo del tlatoani Ahuízotl, octavo señor de México y de la princesa Tlillacapantzin, primogénita de Moquíhuix (último señor de Tlatelolco antes de la invasión europea) y descendiente del Rey Poeta Nezahualcóyotl. De pequeño asistió al calmecac , la escuela en donde los nobles mexicas se instruían en las artes y las ciencias, y más tarde aprendió las habilidades de un guerrero en el telpochcalli. A muy corta edad, consiguió el título de tlacatécatl (un equivalente al título militar de comandante) y lideró varias campañas en Tlatelolco, la ciudad hermana de Tenochtitlan.
Moctezuma era el huey tlatoani o rey-sacerdote que ostentaba el poder cuando la gente de Hernán Cortés invadió la ciudad por primera vez. Durante varias semanas lo mantuvieron cautivo en su propio palacio, utilizándolo para mediar la opinión de los habitantes de Tenochtitlan. Pero pronto los tenochcas se sintieron traicionados y dejaron de confiar en su dirigente. Bernal Diaz del Castillo, cronista español, escribió que fueron los mismos mexicas quienes apedrearon a Moctezuma acusándolo de traidor y cobarde cuando éste quiso convencerlos de dejar de pelear contra los españoles. Así también lo mencionó Cortés en sus cartas de relación. Hay fuentes que afirman incluso que Cuauhtémoc, indignado por la complacencia que mostraba el gobernante hacia los extranjeros, lanzó una de las primeras piedras contra él.
Sin embargo, historiadores indígenas posteriores documentaron lo siguiente en la Relación del origen de los indios que habitan esta Nueva España según sus historias:
…y yendo á buscar al gran Rey Motecuczuma dizen que le hallaron muerto á puñaladas, que le mataron los españoles á él y á los demás principales que tenían consigo la noche que se huyeron, y este fué el desastrado y afrentoso fin de aquel desdichado Rey… (Códice Ramírez, 1980, p. 91)
La muerte de Moctezuma, independientemente de los responsables, fue el preámbulo de la llamada Noche Triste. En ella los españoles trataron de huir de la ciudad con el motín de oro que hurtaron del palacio del tlatoani, pero no tuvieron éxito. Tenochtitlán, liberada momentáneamente de los conquistadores europeos, cedió el trono a Cuitláhuac, hermano de Moctezuma, pero éste murió solo 80 días más tarde. Así, en 1521 a los 25 años, Cuauhtémoc fue investido como el próximo tlatoani, sin saber que sería el último de todos.
El tormento de Cuauhtémoc
A diferencia de su primo Moctezuma, Cuauhtémoc ya conocía las intenciones y la malicia de los conquistadores españoles, es por eso que una de las principales preocupaciones de su mandato fue reforzar la ciudad y protegerla de un próximo intento de invasión. Desplegó distintas líneas de guerreros alrededor de la urbe para generar una mayor resistencia.
El temido día llegó. Los españoles regresaron con una numerosa compañía de tlaxcaltecas, pueblo una vez oprimido por el imperio mexica. Esta segunda campaña, a pesar de la combatiente diligencia de los guerreros tenochcas liderados por Cuauhtémoc, quien les advirtió que él mismo mataría a quien le diera tregua a los españoles, resultó en la caída de la ciudad. Así, el 13 de agosto de 1521, Tenochtitlan fue sitiada y su rey-sacerdote, capturado. El tlatoani pidió ser asesinado antes que quedar prisionero:
«¡Ah capitán! Ya yo he hecho todo mi poder para defender mi reino y librarlo de vuestras manos, y pues no ha sido mi fortuna favorable, quitadme la vida, que será muy justo, y con esto acabaréis el reino mexicano»
Pero su solicitud no fue escuchada.
Una vez bajo su control, Hernán Cortés lo sometió a él y a su primo, el rey de Tacubaya, y los torturó quemándoles los pies con las llamas del aceite del ocote para interrogarlos sobre el motín dorado que les fue sustraído a sus hombres durante la Noche Triste. Cuauhtémoc, sarcástico, le preguntó a sus verdugos que si “acaso estaba en algún deleite o baño”. Pero al ver a su primo tan afligido por el suplicio, admitió que todo el tesoro fue tirado al río. Los buzos de Cortés revisaron el área indicada pero no encontraron nada. El poder del “águila que desciende” fue transferido por los conquistadores a un pariente del suyo mucho más dócil por miedo a que él se volviera en su contra.
La muerte del último huey tlatoani
Cortés mantuvo a Cuauhtémoc como prisionero mucho tiempo. Aunque no estaba precisamente en una celda y tenía la libertad de estar en donde quisiera, seguía las órdenes de sus captores, quienes eran los nuevos administradores de la ciudad y sus aledañas. No obstante, el conquistador se sentía amenazado por la influencia del antiguo tlatoani y temía que éste urdiera una conspiración en su contra para armar un motín. Por esta razón, en 1525 decidió llevarlo con él a una expedición a Honduras, a dónde se dirigía para detener la rebelión de Cristóbal de Olid.
En el camino, uno de los hombres de Tlatelolco le contó a Hernán Cortés que escuchó cómo el guerrero se quejaba de haber sido despojado de sus tierras y que un alivio para ello sería matar al conquistador. Después de esto y sin mayor indagación, mandó ejecutar al último rey azteca, quien frente a toda la diligencia española fue colgado de un árbol. Diaz del Castillo relata los hechos de la siguiente manera:
«Verdaderamente yo tuve gran lástima de Guatemuz y de su primo, por haberles conocido tan grandes señores, y aun ellos me hacían honra en el camino en cosas que se me ofrecían, en especial darme algunos indios para traer yerba para mi caballo. Fue esta muerte que les dieron muy injustamente, y pareció mal a todos los que íbamos»
Los restos de Cuauhtémoc y su primo, que también fue ejecutado, nunca fueron encontrados. Se cree que sus muertes sucedieron en algún lugar cerca de Itzamkánac y que tiempo antes de morir, el tlatoani fue bautizado en la fé católica bajo el nombre de Hernando de Alvarado Cuauhtemotzin. Al volver a Tenochtitlan, los españoles ya no tenían ninguna figura de autoridad mexicana que atender, por lo que a partir de ese momento comenzó un proceso de colonización más profundo y estructurado en los antiguos dominios aztecas.
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