Muchas veces se ha cuestionado el papel social que juegan los universitarios, ¿solo se limita a sus actividades académicas, laborales y familiares? ¿Es posible pensar en su intervención en otras esferas? ¿Es importante o necesario que se involucren activamente en las cuestiones sociales, económicas o incluso políticas? ¿Es el universitario un ente y pieza clave en el desarrollo del país?
El papel de las universidades
Lo anterior es solo una pequeña muestra del dilema que engloba una de las etapas de mayor trascendencia en la vida de las personas.
La respuesta a las interrogantes anteriores podría fácilmente contestarse con un rotundo “SÍ” y ello simple y sencillamente, porque el ser universitario no se aísla de la sociedad, es un sujeto que sigue haciendo parte de ella, sigue siendo influido por el medio en el que se desarrolla.
Es precisamente en las universidades donde se esperaría la formación del pensamiento crítico y con ello un involucramiento activo ante las problemáticas sociales. Ya que idealmente también se pretende que haya un acercamiento a la realidad y el cómo transformarla.
Las herramientas que se implementan en la etapa de formación académica, no pueden reducirse a solo generar nuevos profesionistas, sino también deben contemplar la calidad de sus acciones, sus aportaciones, su intervención y cómo se desenvuelven como ciudadanos.
Por lo anterior, se procuran acciones que puedan dar mayor visibilidad a los universitarios, para que, a través de su participación se puedan convertir en actores de cambio, gestionando desde su trinchera en un primer momento sus propias problemáticas, tales como mayores espacios educativos, apoyos tangibles para el acceso a la educación, ampliación de la oferta educativa, entre otros.
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La iniciativa estudiantil
¿Pero entonces, solo pueden accionar su intervención cuando reciben apoyos? Tanto en la historia mundial como en la nacional, tenemos bastos ejemplos de la organización de las redes de estudiantes universitarios, las cuales lograron articularse tanto para evitar, como para promover la aprobación de leyes, generar la visibilidad de grupos vulnerables o incluso derrocar dictaduras y transformar regímenes políticos.
Muchas de estas organizaciones surgen de manera espontánea ante la inminente necesidad de cambio, ante el hartazgo y la falta de representación. Los universitarios buscan una voz que abogue por sus intereses y conozca el núcleo al que pertenecen (su la familia, su barrio, su municipio o su estado).
Es precisamente a través de los círculos en los que se desenvuelven, que el universitario es testigo de esas preocupaciones. Ahí se interioriza esa posibilidad e incluso necesidad de “reclamo” y de exigencia para que las estructuras de poder materialicen la solución.
En México tenemos un ejemplo tangible: muchos hemos oído hablar de la Ley Olimpia. Fue precisamente a partir de una “vivencia” que una estudiante universitaria, Olimpia Coral, decidió emprender una lucha legal por el reconocimiento de un delito y sus sanciones.
Su lucha tuvo eco entre las mismas universitarias, pero también en toda la sociedad. Desde luego no fue tarea fácil enfrentar la negativa, pero poco a poco el respaldo y apoyo de colectivos, medios de comunicación y congresistas, hicieron posible el anhelo de justicia.
Gracias a la iniciativa de Olimpia, actualmente la ley que ella impulsó tiene vigencia en 29 de las 32 entidades federativas. ¿entonces los universitarios pueden transformar la realidad de su entorno?
No solo pueden, sino que su formación, el gran privilegio de estar en el proceso de consolidación académica y profesional, es de manera implícita un llamado a la acción, a la necesidad de conocer y transforma la realidad, de buscar los mecanismos que permitan mejores condiciones de vida.
Como futuro universitario, ¿cuál será tu lucha? ¿qué realidad quieres construir?
¡Muchas gracias por leernos, #As!





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