¿Alguna vez te has preguntado, qué tan rápido se mueve Quicksilver en la película de X-Men durante la famosa escena en que rescata de una explosión a los estudiantes de la mansión Xavier? Antes que nada: no es posible calcular con exactitud la velocidad del mutante, sin embargo, a continuación hacemos una estimación simple pero interesante que sale de juguetear con algunos datos.
Para empezar, se sabe que la velocidad de una explosión oscila entre los 2000 y 7000 metros por segundo, pero nosotros asumimos el máximo valor de ese rango; luego la escena dura 2 min con 34 segundos (154 segundos). De acuerdo con Google Maps, el Castillo Hastley, edificio en que se grabó la escena, está situado en la Isla de Vancouver y ocupa una superficie de aproximadamente 130 por 130 metros cuadrados. Con estas dimensiones, la explosión arrasaría con toda la mansión X y con sus ocupantes, en unos 0.013 segundos.
Veamos: si la escena no estuviera en «tiempo-Quicksilver», duraría tan solo 0.013 segundos, pero desde la perspectiva del héroe plateado toma los 154 segundos ya mencionados. Entonces Quicksilver se tenía que estar moviendo más de 11846 veces más rápido que la explosión. Es decir: más de 82,922,000 metros por segundo. ¿No te sorprende? Bueno son 298,519,200 kilómetros por hora. ¿Tampoco te dice nada ese valor? Comparado con el sonido, serían 243,888 veces. Lo que corresponde a un respetable 27.6% de la velocidad de la luz. Para que te des una idea: Quicksilver viajaría de la tierra a la luna en 9.3 segundos.
El problema con la física.
Todas estas cifras pueden parecer impresionantes, sin embargo, debemos poner atención en una sutil, pero importante inconsistencia que nos pasa desapercibida cuando se trata de estos personajes, comúnmente conocidos como “speedsters” (velocistas) en la cultura del cómic. Y es que tales escenas de acción, con todo y que son tan emocionantes, adolecen de defectos, de imposibilidades. Ya ni nos metamos en que no son hechos realistas, pues al fin y al cabo se trata de cómics, ciencia ficción y fantasía.
Más allá de esto, pensemos en que para la física no tiene sentido que un velocista “vea” todo su mundo en cámara lenta o incluso que lo perciba como “pausado”. ¿Quieres convencerte de ello? Muy sencillo, siempre que tú te mueves muy rápido con respecto a los demás objetos, verás que todo lo de tu alrededor también pasará a tu lado con igual rapidez: Piensa en cuando viajas por carretera y asomas tu cabeza por la ventana del auto ¿A poco no es verdad que los árboles van hechos la mocha en dirección opuesta?
Pero entonces, ¿Cuál es la limitante física que impide a un velocista ver su mundo en cámara lenta? Pues simplemente que para que eso sucediera, la luz que rebota en los objetos que él ve, debería llegar primero al superhéroe, mucho antes de que la vean todos los demás individuos involucrados en la escena de acción. Si no fuese así, él no podría enterarse de que están ocurriendo estos eventos en los que debe participar heróicamente. O sea, que nuestro personaje vendría a ser un marco de referencia privilegiado, para quien la luz se mueva más rápido que para los demás observadores a su alrededor.
Esto ya desafía la física per sé; y peor aún se pone la cosa si pensamos en que, una vez que llegue la información a sus ojos su cerebro debe procesarla y tomar decisiones muy ágiles, para en consecuencia, salvar a quien se encuentre en peligro. ¿Notas ahora la incongruencia?
La relatividad del movimiento.
Ahora, pensemos en otro concepto aún más sutil: la relatividad del movimiento. Aunque siempre nos lo pintan como algo complicado, en esencia solo significa que los objetos no se mueven de forma absoluta; es decir, que para hablar del movimiento de un cuerpo, siempre tenemos que decir con respecto a qué o quién se está moviendo. Siempre es necesario referenciar el movimiento con respecto a un punto arbitrario.
A continuación, vemos una interpretación artística de este concepto, plasmada en una imagen: la relatividad del movimiento que sucede a altas velocidades. A la izquierda, como debería ver el mundo nuestro estimado Quicksilver. A la derecha, como las películas dicen que lo ve. Sin embargo, no se puede ejercer ambos marcos de referencia a la vez, no se puede tener ambas visiones de la realidad.
Para poder describir el mundo real se debe estar parado irrenunciablemente en alguna de ambas perspectivas. Como dirían los abuelos: o cargas la virgen o truenas los cohetes. Existen fórmulas matemáticas sencillas para “traducir” entre marcos de referencia, es decir, que permiten a un observador entender cómo suceden los eventos desde el punto de vista del otro, pero eso es otra historia.
Aunque al final no hay por qué amargarse. Por un lado, es genial que la imaginación humana produzca personajes e historias como las de los X-MEN, con poderes sorprendentes y habilidades superhumanas, mientras que por otra parte, resulta alentador que la misma ciencia ficción está basada en la física.
A pesar de que esta rama del conocimiento es la que nos regresa los pies a la Tierra, no deja de ser satisfactorio que a través de sus descubrimientos, avances y teorías, seamos capaces de conocer los límites que impone la naturaleza, y así ceder a la tentación de echar a volar la imaginación y superarlos, aunque sea sólo en los cómics.




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